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lunes, 25 de julio de 2011

El Perfil




Thomas Cryford, es alguien al que nunca le faltó nada en la vida, a sus 51 años recuerda algunas de sus vivencias en el Reino Unido su patria, en la cual vivió gran parte de su niñez... Después de la desaparición de sus padres su vida cambió. 

Siempre sintió gran amor hacia el arte como su desaparecido padre, el cual compraba piezas autenticas como copias, viajando por todo el mundo para conseguirlas. Tradición que Thomas a seguido en el trascurso de su vida, en un viaje que realizó a la ciudad de Madrid conoció su otro gran amor, la Tauromaquia la cual el la definía para si mismo como "El arte hecho sufrimiento".

Pensaba que su vida debería estar dedicada a esos grandes amores. Aprendió a pintar algo que hace muy bien y también a ser torero, lo cual fue de su agrado pero se sintió vacío. Acercarse a sus dos grandes amores no lo hacia sentir bien, era como si disfrutara verlos pero no practicarlos. ¿Acaso su amor se basaba en la mediocridad de observar el talento por sobre esculpirlo en su alma?

No. La verdad era otra, solo una persona se lo hizo saber. Las corridas de toros y el arte no eran solamente sus grandes amores, sino sus grandes "inspiraciones". La inspiración nace para crear algo por encima de lo que te impulsa a hacerlo. Por eso no es torear o pintar lo que necesitaba su alma, era algo más, más rojo que la sangre del toro al ser sentenciado por la espada del firme torero, algo más hermoso que el cuadro mejor puntado. 

Su "amigo" le hizo entender que había algo hermoso que la muerte de un poderoso animal, algo más vivo que los colores bien escogidos por un artista al pintar su obra. Lo que el necesitaba, era derramar la sangre mas hermosa, para quitar la vida en lugar de crearla. 

Cuando comenzó a experimentar con su nueva teoría era tal la excitación que no se detuvo a pensar el que podría pasar si era descubierto, pero antes de darle vida a su primera obra maestra o eso pensaba el, su "amigo" lo detuvo advirtiéndole que como las grandes obras literarias siempre hay que escribir, borrar y releer para poder llegar a la perfección y ya que el no había escrito ni un borrador debía parar y pensar mejor las cosas.

Con la cabeza más fría comenzó a pensar como seria mejor hacer su creación, lentamente fue llenándose de ideas cada una mejor que la otra, pero como sabría cual era el lienzo perfecto para obra, cual seria el semental que merecía su tiempo, su dedicación y su mente y en ese momento como si alguien escuchara sus pensamientos desde lo mas alto de cielo o del infierno, paso ella, fue amor a primera vista, aquella pelirroja de la otra acera era el modelo perfecto para su primera creación, así que desde ese día comenzó un estudio detallado de su vida, qué hacia, comó lo hacia, a qué horas lo hacia, él tenia que saber todo sobre la vida de ese curioso espécimen que cautivo un pedazo de su alma.

Pero no podía levantar sospechas así que su vida no cambio en ningún momento, seguía haciendo las cosas que le apasionaban ir a sus corridas y pintar,  pero  sus cuadros cambiaron, solo podía pensar en ella, día y noche, hasta que llego el momento indicado, cada movimiento, cada gesto, cada instante de la vida de aquella pelirroja era parte de él.

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